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En Formentera hay lugares que parecen creados para disfrutar sin prisas, rodeados de naturaleza, amigos y calma. La boda celebrada en Can Toni Blay, una finca rústica muy cerca de Migjorn, fue precisamente eso: un día tranquilo, natural y lleno de emociones compartidas.
Este conjunto de antiguas casas payesas conserva la esencia tradicional de Formentera, con muros de piedra, porches de madera y un entorno abierto al campo. Allí la pareja decidió reunir a sus amigos y familiares más cercanos, disfrutar de un catering al aire libre y celebrar la fiesta sin salir del mismo lugar. Todo transcurrió con la serenidad que caracteriza a las bodas pequeñas, donde cada momento se vive sin estrés y con auténtica alegría.
Como fotógrafo de bodas en Formentera, me encanta cuando las celebraciones se desarrollan en espacios así, porque permiten capturar imágenes sinceras: conversaciones bajo las sabinas, risas entre luces cálidas, detalles de la decoración artesanal y la atmósfera de una casa que parece detener el tiempo.
Durante el día recorrimos la finca para aprovechar su luz natural —rincones de piedra, portones antiguos, caminos polvorientos— y al atardecer nos acercamos a una playa cercana para una breve sesión de pareja, aprovechando el dorado del sol de Migjorn. El resultado fueron fotografías naturales, relajadas y llenas de la esencia mediterránea.
La boda en Can Toni Blay fue un ejemplo perfecto de lo que ofrece Formentera: autenticidad, paisajes únicos y la posibilidad de vivir un día completo en un mismo lugar, sin prisas ni desplazamientos. Mi objetivo, como siempre, fue documentar la historia tal como sucedía, sin interferir, buscando la emoción real detrás de cada gesto.
Si buscas un fotógrafo de bodas en Formentera que conozca lugares con encanto como Can Toni Blay o las playas cercanas a Migjorn, estaré encantado de acompañarte para capturar la esencia de tu día con naturalidad y sensibilidad.